PRÓLOGO
Recursos Mundiales 2004
Prologo
Adoptar Decisiones Sabias Para La Tierra
Todos reconocemos que las especies en peligro y los hábitat degradados son síntomas del fracaso ambiental, pero raramente reconocemos que son el resultado del fracaso de la gestión de los asuntos ambientales. La corrupción y los patrocinios; los trapicheos y las apropiaciones de la tierra; las decisiones tomadas sin tener en cuenta la información, la consulta o el apoyo de la población local; todos estos fracasos demasiado comunes que atañen a la gestión ambiental no sólo minan nuestros derechos civiles y económicos, sino que también destruyen nuestro patrimonio natural.
Los bosques degradados y los arrecifes coralinos agonizantes reflejan con frecuencia los procesos defectuosos que rodean la adopción de decisiones en materia ambiental. La tala ilegal campa por sus fueros allí donde los administradores de los bosques no se hacen responsables. Las decisiones sobre asuntos mineros, a menudo tomadas en secreto, conceden escaso valor a la protección del suministro de agua a los habitantes o los hábitat esenciales del lugar. Los planes para explotar cualquier recurso natural elaborados sin la participación o la revisión de los residentes y de otros grupos afectados casi siempre enriquecen a unos pocos, desposeyendo a la mayor parte de la comunidad y destruyendo el ecosistema. Las decisiones en materia de gestión ambiental adoptadas sin transparencia, sin la participación de todos los involucrados y con plena responsabilidad son un fracaso con el que no podemos seguir viviendo en una era en que las decisiones humanas, no los procesos naturales, dominan el medio ambiente global.
La importancia de una buena gestión ambiental no está, obviamente, restringida a las decisiones sobre medio ambiente. Entra de lleno en el corazón del progreso social y económico. La correcta gestión de los asuntos ambientales se considera hoy día uno de los factores primordiales para comprender el potencial de desarrollo de un país y reducir la pobreza –en parte porque los inversores públicos y privados desean la estabilidad y transparencia que una buena gestión ambiental aporta–. En esencia, ésta es la conclusión adoptada por los ministros que se reunieron en Monterrey (México) en marzo de 2002, que llegaron a la conclusión de que el dinero por sí solo no garantiza un desarrollo sólido con beneficios compartidos por todos. Es más, el éxito también depende de las instituciones sólidas, las políticas prudentes, los procesos transparentes, el amplio acceso a la información y la participación equitativa en la adopción de decisiones, todas ellas características esenciales de una correcta gestión de los asuntos ambientales.
En este volumen de Recursos Mundiales 2004 nos centramos en la gestión de los asuntos ambientales –los procesos e instituciones que utilizamos para adoptar decisiones en materia ambiental–. Los cuatro organismos a los que pertenecemos adoptan las decisiones del Consenso de Monterrey, cuyos compromisos son claros para ejercer una correcta gestión ambiental, y retan a la comunidad internacional para que dicho mandato se interese por el área crucial del manejo de ecosistemas y de recursos naturales, tanto local como mundialmente. Nuestra experiencia de décadas tratando con problemas ambientales en países ricos y pobres han demostrado, una y otra vez, que una correcta gestión ambiental es esencial para lograr el manejo sostenible de los ecosistemas, elementos clave de que dependen el crecimiento económico sostenible y el desarrollo humano.
El material para construir una gestión ambiental correcta son los principios de acceso, manifestados por primera vez en 1992, en la Declaración de Río: documento oficial de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo. El Principio 10 de la Declaración de Río reclama el acceso a la información sobre el medio ambiente, la oportunidad de participar en la adopción de las decisiones y tener un acceso efectivo a los procedimientos administrativos y judiciales. Pero estos principios serán fuertes solamente si los ponemos en práctica.
¿Cómo nos ha ido desde Río? Medir las actuaciones y las tendencias de la gestión ambiental es difícil, pero esencial, si queremos avanzar en el logro de nuestras metas sociales y ambientales. La Iniciativa de Acceso, descrita en este informe, supone el primer esfuerzo para realizar ese tipo de evaluación de la gestión, ya que elabora y define lo que entendemos por acceso a la información, adopción de decisiones y justicia. Los resultados revelan con detalle que nuestro avance es muy irregular. Para acelerar su aplicación, en la Cumbre Mundial para el Desarrollo Sostenible de Johanesburgo, en septiembre de 2002, se lanzó la Alianza para el Principio 10 (www.pp10.org), que reúne a diferentes tipos de organizaciones que se han comprometido a aceptar la responsabilidad de llevar a cabo acciones específicas y a suministrar los recursos que permitan mejorar el acceso.
Nuestros organismos son miembros fundadores de la Alianza para el Principio 10, y como tales apoyamos dicha actividad y la encomendamos a otros como respuesta primordial y práctica al desafío de la gestión de los asuntos ambientales. También sostenemos el concepto de las evaluaciones independientes, tales como las respaldadas por la Iniciativa de Acceso. Creemos que la metodología de esa organización brinda a la comunidad mundial un marco que debería aplicarse extensamente al importante trabajo de identificar los defectos de nuestros mecanismos e instituciones para la gestión ambiental, así como los avances realizados en este sentido.
Obviamente, el acceso en sí mismo no garantiza buenos resultados ambientales. En realidad, uno de los fracasos más patentes de toda la década a partir de Río ha sido la incapacidad de integrar una línea de pensamiento ambiental en las decisiones económicas y de desarrollo. Esta falta de integración se traduce en el fracaso del equilibrio de los problemas económicos, sociales y ambientales. En el fondo, refleja la reticencia a valorar adecuadamente la contribución al bienestar humano de los bienes y servicios de los ecosistemas. La correcta gestión de los asuntos ambientales alcanzará con éxito mejores resultados en materia ambiental sólo si se la considera como la contribución esencial para un desarrollo mejor y más equilibrado.
Con este espíritu, nosotros, como organismos, reiteramos nuestro compromiso en centrarnos en la correcta gestión de los asuntos ambientales como si fuéramos la cuña que empuje a la adopción de mejores decisiones –decisiones para la Tierra–. En nuestras propias organizaciones trabajaremos para mejorar la gestión ambiental a través de programas, asesoramiento de políticas, proyectos de trabajo y prácticas de financiación. Nuestra experiencia demuestra que incluir a las comunidades y a los individuos en la espiral de la toma de decisiones, e insistir en la responsabilidad de quienes adoptan las decisiones sobre medio ambiente, puede conducir a una gestión más justa y eficaz de los recursos naturales.
«Reconocemos la urgencia impuesta por las Metas de Desarrollo del Milenio aprobadas por la Asamblea del Milenio de las Naciones Unidas en septiembre de 2000, incluyendo la erradicación del hambre y la pobreza extremas, y asegurar la sostenibilidad ambiental. Afirmamos nuestra convicción de que estos objetivos humanos y ambientales deben integrarse en el tejido de la vida. Nosotros no podemos aliviar la pobreza a largo plazo sin una gestión sostenible de los ecosistemas. No podemos proteger los ecosistemas del abuso sin hacer responsables de sus acciones a quienes poseen riqueza y poder, y sin reconocer las necesidades legítimas de los pobres y los desposeídos. Ese es el equilibrio que nosotros debemos lograr en todas nuestras decisiones para la Tierra».
Mark Malloch Brown,Administrador,
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
Klaus Toepfer,
Director Ejecutivo,
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
James D. Wolfensohn
Presidente,
Banco Mundial
Jonathan Lash,
Presidente,
Instituto de Recursos Mundiales (WRI)
