Prologo A La Edicion En Espanol
Recursos Mundiales 2004
Prolgo A La Edicion En Espanol
No Hay Mayor Amenaza Para El Medio Ambiente Que El Engano A Los Ciudadanos
Las políticas que protegen los recursos naturales contribuyen a crear sociedades más justas. Ésta es una convicción personal y a la vez un compromiso que he asumido dentro de un Gobierno que va a trabajar por una mayor calidad de vida para todos los ciudadanos, es decir, por un desarrollo más sostenible en lo social, lo ambiental, lo cultural y lo económico, especialmente para los más desfavorecidos.
La relación del hombre con la naturaleza no puede establecerse únicamente a través de criterios económicos, manteniendo un pulso constante entre la producción y la preservación de los espacios naturales, de las especies animales, de los pueblos indígenas. En esta interdependencia del hombre con la naturaleza deben estar presentes, además, valores, maneras de concebir el mundo y la sociedad; en definitiva, una ética. La protección de la naturaleza debe ser compatible con el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales. Sobre todo en este siglo recién estrenado, en el que nuevas tecnologías más respetuosas con el medio ambiente van a alcanzar su máximo nivel de expansión y de rentabilidad, tanto económica como ambiental.
Los datos del informe "Recursos Mundiales" en su edición de 2004 llevan, una vez más, a una inevitable conclusión: la mala gestión de los recursos naturales acrecienta la división entre países pobres y ricos, hipoteca las posibilidades de futuro de millones de seres humanos y evidencia la diferencia, en muchos casos, entre la democracia y un sistema autoritario.
El desconocimiento del valor real –que no el precio– de cada uno de los ecosistemas que generan la vida en el planeta, y la indiferencia ante la repercusión a medio y largo plazo de cada impacto ambiental en el conjunto de los biorritmos naturales de la Tierra, pueden llegar a amenazar los derechos más elementales del ser humano.
Por ello, la gestión ambiental necesita –además de programas, planes y proyectos técnicos adecuados– un compromiso ético y político que conjuguen el medio ambiente con el conjunto de las políticas sociales que tienen como objetivo defender lo más vulnerable, proteger lo más amenazado, conservar lo imprescindible: la vida.
Una vez más, los datos estadísticos mundiales demuestran que la mala gestión de los recursos naturales aumenta la marginación de los pobres y provoca el desencuentro entre gobernantes y gobernados, degenerando, en muchos casos, hacia una institucionalización de la corrupción. A esto quiero añadir una reflexión personal: no hay mayor amenaza para el medio ambiente que la demagogia, es decir, el engaño a los ciudadanos, el ocultismo intencionado de datos y decisiones, la manipulación interesada de la situación real de los recursos naturales y de las alternativas que existen para explotarlos adecuadamente, el mal uso político de los costes reales y los beneficios que estos sistemas de explotación conllevan.
En este caso, los políticos, los administradores públicos del medio ambiente, jugamos un papel fundamental a la hora de elegir entre la demagogia o la transparencia. Debemos responsabilizarnos de cada una de nuestras decisiones y ser conscientes de sus posibles impactos sobre la naturaleza, sin olvidar que se trata de bienes públicos. Por tanto, estamos obligados a gestionar de modo transparente políticas realistas, equitativas, participativas y consensuadas. Un simple dato, recogido en este informe, nos lo demuestra: 350 millones de personas dependen directamente de los bosques para sobrevivir, y recalco lo de sobrevivir.
Todos los convenios internacionales que pretenden la salvaguarda del planeta contienen muchos de los principios que pueden aplicarse, tanto en países como en continentes, para mejorar la gestión sostenible de los recursos naturales. Pero ninguno de estos planes podrá ser eficaz si no sabemos aunar el poder de las leyes con las acciones ciudadanas, el conocimiento científico con la responsabilidad de los empresarios y de los consumidores.
El Gobierno del que formo parte tiene, además, el compromiso de solidarizarse especialmente con los que más sufren la degradación de sus ecosistemas, tanto en España como en el resto del mundo. La realidad mundial evidencia que la mayor degradación ecológica está ubicada en países en vías de desarrollo. Y hay que evitar que esa amenaza proceda precisamente de los intereses económicos de los países más ricos. Si los países desarrollados quieren obtener materias primas de aquellos países menos favorecidos, deben responsabilizarse de los problemas colaterales sobre los habitantes y las especies animales y vegetales, que dependen de estos ecosistemas. En particular, el hecho de que estos espacios naturales sean declarados patrimonio de la humanidad por las organizaciones mundiales no nos da, en absoluto, el derecho a explotarlos indiscriminadamente.
No se trata, evidentemente, ni de ralentizar el desarrollo económico ni de reducirlo, sino de asumir definitivamente que somos capaces de impulsar un desarrollo inteligente, un desarrollo sostenible que conjugue el aprovechamiento de los recursos naturales sin aumentar la contaminación ni la degradación de los mismos. Este informe introduce, entre los conceptos claves para avanzar hacia la sostenibilidad, el acceso del ciudadano a la información sobre medio ambiente, es decir, la oportunidad de los ciudadanos de participar en el proceso de adopción de decisiones. Esto consagra la obligación de los administradores de informar. Y asumo responder a la creciente demanda social de información, como responsable de Medio Ambiente del Gobierno del que formo parte, en una nueva legislatura. En esta nueva etapa, en la que las políticas para la gestión del agua, la reducción de la contaminación, la aplicación de nuevos modelos energéticos, la conservación de la biodiversidad y la defensa de la participación ciudadana se basarán en realidades y no en tópicos establecidos. En la solución de los problemas ambientales deben prevalecer el sentido común y el conocimiento científico; y será precisa, también, mucha humildad para escuchar todas las opiniones, contrastar todas las realidades y necesidades.
La lectura de este informe es una buena ocasión para confirmar juntos, por ejemplo, que un recurso natural básico como es el agua, tan escasa y costosa para muchos pueblos, tiene que ser usada de manera coherente con su importante papel de regulador ambiental y con sus innumerables posibilidades económicas y sociales. El agua, ese recurso natural que les falta a unos y que derrochan otros, exige una política racional y eficiente por parte de una Administración transparente, con el menor coste ambiental y económico posible.
Escuchar, dialogar, valorar, consensuar antes de decidir, son obligaciones, igualmente importantes, para un político, a las que se suma, en mi caso, la de contribuir al desarrollo de nuestro país que no perjudique ni a los ciudadanos de hoy ni a los de mañana.
Invito, pues, a leer este informe para valorar la situación mundial de los recursos naturales. Cuantos más conocimientos tengan los ciudadanos sobre el medio ambiente, más y mejor podrán expresar sus opiniones y valorar a sus responsables ambientales. Les convoco a trabajar, cada uno según sus posibilidades, para cambiar el rumbo ambiental del planeta y para contribuir a un mundo más justo.
Y les pido que compartan conmigo la opción, también asumida como compromiso político por el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, de que "el único desarrollo auténtico es aquel que preserva los fundamentos naturales y culturales que lo hacen posible".
